viernes, 23 de enero de 2015



Se levantó con sabor a hierro en la boca el día I después de la primera contienda. Secó el sudor de la frente con el bajo del vestido y la sangre reseca de la empuñadura de la espada con el agua que corría detrás de casa. Puso en pie el escudo, se acomodó el yelmo sobre el pelo enmarañado y caminó de nuevo a buscar, entre las flechas, la poca esperanza que albergaba.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La Victoria


I

Sigo al Sur de la frontera
aguardando,
tranquila,
a que llame la victoria
a sacar pañuelos blancos.


II

Comenzamos la andadura del camino.
- ¿Qué es eso que se oye?
- El estruendo de la masa enloquecida. Camina lento, saben que llegamos. Nos esperan con las dagas puestas en alto, con el grito de alegría amarrado en la garganta. Disfruta del paseo. Los girasoles que conocimos cabizbajos, ahora se yerguen a cada uno de tus pasos.
Bienvenida al fin de la batalla. Ahora y sólo ahora, podemos fundir el hierro de la espada.


III

Bajad la guardia y
replegad las tropas.
Apresuraos a enarbolar
las banderas
de los estandartes de oro y plata.
Que no digan
(de nosotros)
que no estuvimos preparados
el día que encontramos el camino hacia gloria.
.


III

A mi madre


De ti,
el castillo sostenido
(20 años)
sobre la fragilidad de
unos barcos de papel.

Tú,
torre más alta erguida
(de entre las ruinas)
donde las campanas rompen el silencio
anunciando
un domingo de descanso.


martes, 25 de noviembre de 2014

La Batalla


I

El dolor no amansa las fieras.
Las desvirtúa,
preparándolas para la sucesión
de golpes repetidos.



II

Tenemos una danza de palabras
(como cuchillos)
que van y vienen,
en lados contrapuestos.

Se derrama una lluvia de claveles rojos
cada vez que abres la boca.

Mis preguntas.
Tu silencio.

Mis lágrimas.
Tu mirada socavada
buscando una salida bajo tierra.

Mis gritos.
Tu ira.

Tu imagen,
cada vez más cerca de mi olvido.


III

Los puños apretados advierten:
Sálvese
quién
pueda.


IV

La bala en el centro.
La vida,
derramándose por los costados.




El enemigo


I

Le di la vuelta a la cobardía:
tenía tu nombre escrito.



II

Acudes con el rostro
compartido de la ira,
acunando una tragedia
entre las manos
(apretadas)
Aguarda en tu fusil
la simiente que propagará
de odio esta batalla.
¿En qué
(preciso)
momento
se quebró la barrera del silencio?
Ahora que sólo recordamos
los disparos
que crecieron
entre la hiedra que se trenza
en las ventanas opacas del verano.


III

I

Oigo tus caballos descender,
colina abajo,
hasta la orilla de la trinchera
donde vivo agazapada.

Estoy con la vida apretada entre los dientes.
En cada mano,
una derrota.

No espero un alzamiento.
No espero
una victoria.

Nada de eso,
ya,
es importante.

Apunta al centro,
sólo tendrás una oportunidad para matarme,

No falles.


III

Lacra el hocico de tus perros.
La bestia no es más fiera
por el tamaño de su aullido
sino por la incontinencia de morder
(hasta provocar el llanto)
la mano del amo
que sostiene la recompensa.

domingo, 23 de noviembre de 2014


II

El camuflaje de la lluvia
te ayudará a llorar con más coraje.

Fue Viernes
y se hizo tormenta
tu golpe de salida en las ventanas.

Cesaron los tambores de la guerra.
los ecos de las voces que recogen las paredes,
la huida apresurada
(por el punto de fuga)
que traza mi mirada al infinito
hasta perderte.

Llevo meses sentada en un rincón,
obsesionada en el recuento de los muertos
de la batalla que perdí contigo
y no ganaré nunca.


serás quien aprenda a domar panteras
en el desierto decrépito de una cama a medio deshacer.

Yo
seré la estructura invertebrada de las flores
que aún te espera.